domingo, julio 17

Personajes literarios: El Capitán Alatriste


"No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un
hombre valiente. Se llamaba Diego Alatriste y Tenorio, y había
luchado como soldado de los tercios viejos en las guerras de Flandes."
Le imagino en la taberna del Turco, apurando la jarra de vino, acompañado de Quevedo, quien le cuenta el último rumor de palacio. Iñigo Balboa, el mozalbete que le acompañaba en los últimos años, escuchaba atentamente la conversación, a la espera de de un silencio, en el que preguntar por Angélica de Alquézar, amada y enemiga al mismo tiempo.
"El Capitán", que así le llamaban desde un episodio en Holanda conservaba su dignidad y llenaba su bolsillo alquilando su destreza a aquel con dinero y deseos de venganza, pero con poca destreza o valor como para solventarlos con su espada.
Desengañado de esa España que agonizaba, Alatriste, aún rodeado de gente, era un hombre solitario, aún rodeado de gente. No albergaba esperanza alguna para él y conocía lo suficiente su oficio para saber que encontraría en alguna esquina a alguien mas joven y hábil con la Espada y la Vizcaina. Sabía que, antes o después eso ocurriría, lo único que quedaba es que la Muerte marcara el día y la hora en su calendario. Ese día, antes de caer, tenía la certeza de que alguno de sus oponentes caería antes que él, y sabía que no suplicaría por su vida. Si las cartas vienen mal dadas, sólo quedaba apretar los dientes y vender cara su derrota.
Su porte serio no invitaba a muchas bromas, y alguno probó el acero de su espada por un "déjeme de mirar si no quiere que salgamos a malas". Era duro, de pocas palabras, aunque no rehuía de su amigo Quevedo, al que respetaba y quería a su manera.
No se arrepentía de nada y nunca había matado por placer. Muchos habían caido bajo su espada, pero siempre por encargo o en batalla. Allá en las tierras de los infieles protestantes, dió buena cuenta de muchos, siempre a las órdenes de capitanes en busca de la gloria eterna. Nunca festejó ninguna muerte, pues sabía que luchaba por Reyes y gobernantes, en un tablero de ajedrez donde era un peón al que sacrificar si era necesario.
El Capitán, tenía el alma muerta ya, y sólo dejaba pasar el tiempo, hasta que su cuerpo se diera por enterado.

2 Tu opinión es importante:

Blogger Ramón Masca said...

Espléndido retrato. Desde que leí El club Dumas Pérez-Reverte siempre me ha parecido un maestro de la actual novela de misterio en España.
Aunque siempre le he preferido cuando se mete a fondo en la novela histórica, y, hasta ahora, esta serie está demostrando ser, para mí, su mejor obra.

11:41 p. m.  
Blogger devorador de cómics said...

Gracias a los dos,

9:03 a. m.  

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